- Hay 9 Reportajes en total.
Cinco millones de años ha costado que se hiciera el cañón del Colorado. A nosotros nos ha costado nada menos que 11 años de espera conseguir el permiso para embarcar y solo 15 días recorrerlo. Sin embargo, estos escasos días han dejado una huella imborrable en nuestra memoria, similar a la erosión de sus rocas, de una singladura apasionante, repleta de pequeñas aventuras, de rápidos excitantes, de navegación en volumen, de espectaculares paisajes y de una convivencia excepcional. Porque todos habíamos oído hablar de esta colosal formación, todos habíamos disfrutado de videos con grandes rápidos y la mayoría conocía que en este río se desarrolló el rafting moderno…. y sin embargo, en realidad no sabíamos nada de él. En nuestro entorno apenas había conocidos que hubieran realizado este descenso, y por los datos que hemos podido recabar, hasta hace apenas unos meses, ningún grupo piragüista del estado había afrontado este tremendo río, el río al que todos los demás se comparan. Porque hablar del Gran Cañón del Río Colorado es hablar de un gran espacio natural inhabitado. Por tomar una referencia, la superficie del parque es similar al valle del Ebro desde Zaragoza a la desembocadura, y su población casi nula. En las 225 millas (380 Km.) de recorrido realizado en el cañón, solo hemos hallado un lugar habitado. Un pequeño poblado de una docena de construcciones sencillas que dan servicio al Parque Nacional, donde se accede por una senda a pie y se aprovisiona con burros salvando un desnivel de unos 1.100m. Así su descenso se presenta como una expedición en toda regla. Porque cuando vemos el río tenemos que hablar de su enorme caudal. Aunque está regulado por embalse y ha perdido la fuerza de sus riadas coloradas que le dieron el nombre, en nuestro descenso osciló entre los 290 y los 450 m3/s. Habría que sumar tres o cuatro de los mayores ríos pirenaicos para alcanzar este caudal, Porque las paredes del cañón son un libro abierto de su formación geológica. Al observar cada franja de pared, es fácilmente reconocible el esfuerzo del agua para abrirse camino en la meseta del Kaibab. Sus paredes alcanzan una profundidad máxima de casi 1.600 metros, pero casi en todo su recorrido se mantienen los 1.000 metros de desnivel. Porque su longitud exige afrontar el recorrido en muchos días, lo que obliga a organizarse, a trabajar en equipo, a compartir esfuerzos y tareas, y a pensar en todos los compañeros como en una familia que se necesita y complementa. Muchos de los días del descenso no tuvimos contacto con ninguna persona que no perteneciera a nuestro grupo. De hecho, tardamos cuatro días en ver a otros grupos realizar el descenso y solo compartimos el descenso de un rápido con otro grupo. Porque sus rápidos son míticos. Lava falls, Crystal, Granite, Hance, Horn, Sockdolager o Hermit son algunos de los más conocidos de los 161 rápidos catalogados de este recorrido. Rápidos de olas enormes, largos y con numerosos rebufos, pero que bien estudiados son afrontables sin riesgo por cualquier piragüista experto, Y además hay otros más sencillos que pudieron ser más divertidos y espontáneos aprovechando la enorme fuerza del río. Porque sus aledaños y afluentes son sorprendentes. Unas veces son estrechos cañones casi inaccesibles. Otras enormes cascadas. A veces solo hallaremos la grieta seca en medio de grandes rocas y en ocasiones veremos preciosas surgencias que brotan de paredes imposibles. Incluso hay volcanes y restos de lava, o enormes cuevas. Todo esto cuando no vemos lo que esperamos ver en el cañón, las enormes paredes inaccesibles que irán cambiando de color y materiales según vamos avanzando. Buscando los senderos en los afluentes, se puede ascender hasta las mesetas desérticas llenas de cactus y casi tocar la nieve de la cornisa norte mientras en el fondo del cañón la temperatura alcanza los 30ºC, Porque a pesar de la dureza del terreno y el clima, es posible ver fauna salvaje en su entorno más natural. De pequeños escorpiones a cóndores majestuosos, pasando por serpientes cascabel, lagartos, coyotes o ciervos, la fauna del desierto se irá apareciendo día a día, recordándonos como eran los espacios naturales antes de que el hombre arrasara con toda la fauna. Por todo esto, y por todos los instantes vividos en que percibimos la paz de los paisajes, los colores de las paredes y el agua, la luz del sol y de la luna, el frío del agua en nuestras caras, el frescor de la noche, el miedo antes de afrontar un rápido y la alegría de su superación, nos parece obligado compartir con vosotros estas fotos, parte de nuestra aventura, con la esperanza de que al leer este texto y al ver las fotos, podáis palear en vuestra piragua imaginaria, como hacemos nosotros ahora, y trasladaros un poco hasta el río de nuestra última aventura. Ficha Técnica: Gran Cañón del Río Colorado (Arizona) Recorrido: Lee’s Ferry-Diamond Creek Distancia: 225 millas Caudal: De 290 a 450 m3/s Dificultad técnica: IV grado (IV+) Fecha embarque: 28 marzo de 2007 Fecha fin recorrido: 12 de abril de 2007 Participaron de este recorrido: Carlo Escribano Luis Martínez de Maturana Patxi Martínez de Maturana Natxo Beltrán de Otálora Carlos García Manu Diez Juanito Martínez Alex Ruiz Iñaki Berruela Carmelo Egea Fernando Ayuso Salvador Meca Martín Escribano Mario Calvo Rodrigo Tabernero Alberto Gil
Domingo 2 de Noviembre: Río Caribe Río Caribe, un pueblo de pescadores en la península de Paria, es el lugar elegido para el comienzo de esta expedición. La posada colonial Carabana, cercana a la playa, nos permite descansar del viaje y organizar la mochila. A partir de aquí tendremos que cargar con el equipaje y sólo debemos llevar lo imprescindible. Mañana, después de una visita por el pueblo y la playa, para ir tomando contacto con la vida y ritmo caribeños, partiremos en bus hacia Guiria, en el lado sur de la península, frente al delta del Orinoco. Allí comienza nuestra travesía por esta tierra a la que los españoles llamaron “Tierra de Gracia”. El reto es darle la vuelta a la península en kayak de mar y caminando. No se trata de una ruta convencional, ni turística, y no hay constancia de que se haya realizado alguna vez. Lunes 3 de Noviembre: Guiria A mediodía, después de un almuerzo, comienza la travesía. Antes hemos realizado una prueba al personal y equipo por la ensenada de Guiria, en la que vamos ajustando los kayaks, el equipamiento, y se dan las instrucciones de seguridad, navegación y mantenimiento del material. Nos cuesta “arrancar”, el grupo es muy numeroso y en su mayor parte sin experiencia en este campo. Jueves 6 de Noviembre Después de tres días de navegación por la bahía de Paria, desembarcamos en Macuro (Puerto Colón). En 1498, durante el tercer viaje de Colón hacia el nuevo continente, se encontró con esta pequeña población indigena de pescadores. ¡Era la primera vez que los españoles tocaban continente americano! Han sido tres jornadas intensas en las que el grupo aprende y experimenta mientras se va adaptando al medio. Aunque todos habían remado, ya que en la prueba final se tuvo en cuenta esta circunstancia a la hora de la elección de los participantes, queda la duda de cómo responderemos en condiciones más exigentes. La cosa marcha y vamos progresando bien. Entradas a playas y calas casi vírgenes, campamentos en palmerales junto a la playa, momentos para relaciones y confidencias entre un grupo de 40 personas, participantes y equipo técnico, que se va conociendo y situando sobre la marcha. No hay tiempo ni lugar para el aburrimiento. A las noches, después de la cena y junto al fuego, se escuchan historias de aventuras, expediciones y piratas ... También nos visitan los mosquitos, las ampollas y el cansancio. Al amanecer, la playa está concurrida, es muy pronto, pero no se puede perder el espectáculo del sol saliendo desde el mar. En Macuro, desembarcamos en la playa y nos dirigimos a un polideportivo a montar el campamento. Se trata de un pueblo limpio y agradable, donde un montón de niños, que saben de nuestra llegada, vienen a saludarnos y a charlar. La gente es muy amable. Todo va según lo previsto, y el grupo se adapta perfectamente; la primera parte de la expedición está superada. Después de la cena, comienza la música Caribeña, los bailes.... y la noche se alarga un poco. Viernes 7 de Noviembre Por la mañana , cargamos los kayaks en los Peñeros (embarcación local de pescadores: aquí no hay carretera y deben volver por mar hasta Guiria), y después de entregar material didáctico y sanitario a la comunidad, despedimos a nuestros amigos y nos sacamos la foto con don Cristóbal. Es hora de partir caminando. Tenemos que atravesar al otro lado de la península, y debemos superar los 900 m. de desnivel que tiene la selva tropical que vemos enfrente. Está lloviendo y el estrecho sendero de subida “pica” hace que se estire el grupo. Con el trabajo de desmontar y cargar, además de las fotos y despedidas, se nos ha echo un poco tarde y en el descenso comienza a oscurecer. En esta parte final, nos aguardan rampas y toboganes de barro. Sacamos las frontales y nos organizamos por grupos. Un tobillo torcido, un corte en la mano y alguna picadura, unidos al cansancio, complican un poco la situación, pero ya no queda mucho. Poco a poco, vamos llegando a Uquirito. Se monta el botiquín de urgencias y van pasando los afectados. En principio no parece nada grave, aunque tenemos un par de casos en observación. Después de la cena se da de alta a todos los pacientes. La situación está controlada y se escuchan risas y “cuentos” en la playa. Estamos en Uquire y esto sabe a auténtico Caribe. Sábado 8 de Noviembre Una jornada en Peñero sienta bien para descansar y reponerse de unos cuantos días de buen ritmo. Para algunos, la jornada de ayer fué dura, a otros se les da mejor caminar que navegar, pero en definitiva el ambiente es relajado y la actitud es muy positiva ante lo que venga. Desde la embarcación la perspectiva es impresionante, y tenemos tiempo de apreciar en conjunto este privilegiado lugar de la Venezuela desconocida. El bosque tropical llega hasta la misma costa salpicada de playas y ensenadas donde habitan, en cabañas, pequeños núcleos de pescadores. En otros lugares del Caribe, estas playas que vemos estarían saturadas de grandes hoteles y urbanizaciones. No parece éste el camino adecuado para el desarrollo de esta región y sus gentes. Sería una pena, no quedan muchos sitios así en el mundo. No estaría mal que salgan adelante algunos proyectos iniciados en la zona, pequeñas microempresas turísticas que aporten trabajo y riqueza a la comunidad basadas en la explotación racional de los recursos naturales. En la actualidad está claro que el combinar la protección medioambiental, con el desarrollo turístico es posible, viable y sostenible. Con estas reflexiones de “turistas”, y teniendo en cuenta que la población está necesitada de recursos básicos y que la situación del país no es buena, continuamos con la jornada en Peñero ... Desembarcamos en Santa Isabel, en una playita bajo la posada. Hoy tenemos pescado para cenar (suriman),” roncito” para tomar, musiquita para bailar y hamacas para dormir ¡¡Vaya día, todo un lujo!! Domingo 9 de Noviembre El personal se despereza rápido, ya no son necesarias las instrucciones e indicaciones de los primeros días, la cosa marcha sola. Nos espera otra jornada caminando por la selva, esta vez paralelos a la costa. La noche pasada a estado lloviendo y los arroyos van crecidos. Nada más comenzar a caminar encontramos el primero, y varios nos descalzamos para atravesarlo. Al poco, nos damos cuenta de que no merece la pena: son continuos los pasos con agua. La travesía es preciosa, la combinación del bosque tropical y las playas desiertas nos ayudan a completar una visión global de la zona.. En San Juan de las Galdonas volvemos a la “civilización”: hasta aquí llega la carretera. Después de la cena nos visita un grupo de lugareños con música y cantos. Esto es Caribe, y el ritmo va incluido. Lunes 10 de Noviembre A la mañana siguiente, en la playa están los Kayaks, llegados desde Macuro por carretera. Un gran trabajo de logística el de nuestros amigos Venezolanos de Biotrek. Volvemos a navegar. Se va notando la adaptación y avanzamos rápido. En algún momento se levanta un poco la mar, y el grupo responde perfectamente. ¡No hay problema, esto funciona! Se avista Playa Pui-Pui, según las guías “ playa de fuerte oleaje, idónea para los amantes del surf”. Para nuestro desembarco puede ser un problema: nos encontramos con olas de tamaño considerable, y cuando llega la “serie” impresionan. Se dan las instrucciones precisas y organizamos el desembarco. Algunos vuelcos y maniobras muy interesantes (risas en la playa). Todo según lo previsto. Luego, después de las felicitaciones y los comentarios del desembarco, juegos en las olas, paseos por las playa, y tortilla de patatas para cenar..... el grupo está perfectamente adaptado y disfrutando. Martes 11 de Noviembre Esta mañana el ambiente es diferente. Además de ser la última, la jornada puede ser complicada, ya que debemos bordear el cabo Mala Pascua. En este lugar estuvo a punto de naufragar la escuadra de Colón en un día de Pascua. Contamos con un plan B, para el caso de que no se considere oportuno atravesar el cabo. A primera hora de la mañana, 2 guías, acompañados de un pescador local en un “peñero”, salimos a inspeccionar el paso. La mar está calmada y decidimos intentarlo. Conviene salir cuanto antes, para evitar un cambio de condiciones. La salida de la playa, con olas de buen “tamaño”, es impresionante. ¡¡Qué nivel!! Hubiera sido impensable hace cuatro días . Sin dilación, nos dirigimos hacia el cabo y lo doblamos sin problemas. En ocasiones, parece mentira que una situación que parece sencilla se pueda complicar tanto. Esta vez hemos tenido suerte, y los elementos nos van a permitir cumplir uno de los objetivos de la expedición: “completar en metros y millas el recorrido diseñado”, que no es poco. Otros objetivos relacionados con la convivencia, el conocimiento, disfrute y respeto al medio y sus habitantes ... , hace días que se van cumpliendo. Además, se intuye algún caso de contagio con el “virus” viajero y aventurero. En breve tendremos noticias. ¡Seguro! La travesía está llegado a su fin, y apuramos los últimos momentos con una parada en Playa Medina. No hay prisa: paseos, buceo en las rocas y hasta alguna siesta debajo de una palmera. Después del almuerzo enfilamos con calma la última milla del viaje. Playa de la Uva: Hemos llegado, y nos instalamos en una posada con cabañas y una preciosa playa. Luego llegará la cena, la fiesta ... y mañana la vuelta en el bus, el avión, el otro avión, las despedidas , las fotos y los recuerdos ... Ahorita, en una hamaca bajo las palmeras, frente al mar Caribe, con la satisfacción de haber cumplido con los objetivos de la expedición y las expectativas sobradamente cubiertas, tenemos un problema : “ nos puede caer un coco en la cabeza”.